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May 29

Scalped – Deseo de ser piel roja

El mundo de los comics tiene una particularidad que lo hace único dentro del mundo de la cultura y es que, al contrario que ocurre en el resto de la artes y por muy raro que parezca, tanto “stablishment” oficial como público consumidor, no viven constantemente peleados. Por un lado, no existe el desapego tradicional por parte del público ante los creadores innovadores (tipo pintor vanguardistas del siglo veinte incomprendido), por otro lado, la crítica profesional tampoco sufre el tradicional descrédito al que se encuentran sujetos la mayor de expertos dedicados al cine o a la literatura. De la misma forma, salvando las cuestiones económicas, nadie señala a las grandes editoriales tampoco como el eje del mal que impide el avance del medio, al estilo de lo que ocurre con Hollywood o antiguamente con los sellos discográficos rollo Spice Girls, en otras palabras, nadie espera que Marvel o DC hagan algo distinto más allá de los superhéroes y muy por el contrario, lejos de frenar la evolución del mundo del comic, son las propias editoriales las que crean o compran sus propios sellos de comic independiente iniciativas arriesgadas.

En el mundo del comic (si te gustan los comics), cuando aparece una obra de calidad, se da la rara circunstancia en que generalmente todos están de acuerdo. Las páginas especializadas lo alaban, el boca a boca entre aficionados funciona y generalmente, dependiendo de la competencia de ese año, siempre reciben algún premio o nominación. Puede ocurrir que no te gusten los superheroes, correcto. Pero si te gustan y los vives, nadie discute un “Año Uno” de Frank Miller; puede ser que no te guste el comic independiente, no pasa nada, pero si tienes vida más allá de las mallas, nadie discute “La Liga de los Hombres Extraordinarios” o por poner un ejemplo reciente, la maravillosa “Ciencia Oscura” de Rick Remender.

Reconozco que puede haber un poco de manga ancha, que hay demasiado superheroe y que en ocasiones obras de dudosa calidad son ensalzadas sin mucho sentido; pero aún así, ese sentimiento de grupo que generan los comics, como de vicio secreto que no se puede compartir con cualquiera, parece impedir la existencia de impostores: no se muy bien cómo explicarlo pero generalmente, si alguien te dice que una obra esta muy bien lo que realmente suele ocurrir es que es una jodida maravilla; nada que ver con las cientos de recomendaciones que la gente hace de series y películas y que bastantes veces terminan siendo un bodrio unesmokabol. 

Este pensamiento viene motivado por una obra en concreto, Scalped, que desde hace unos meses se ha vuelto a reeditar. Se publicó por primera vez 2007 y a lo largo de 60 números cuenta un drama/criminal/western que transcurre en la reserva india ficticia de Praire Rose, en Dakota del Sur. Desde primer momento que apareció la obra, no hubo dudas y recibió las alabanzas tanto de los medios especializados como del público y terminó de consagrar definitivamente a su guionista, Jason Aaron, que actualmente ya es uno de los grandes nombres del comic americano.

Hay varios motivos por los Scalped cautivará lector desde el primer momento.

Desde luego, lo primero y más obvio, es la impecable reinterpretación del concepto de “tipo duro”. Es curioso como el espectador/lector puede llegar a pensar que trás 10, 20, 30 años de consumir violencia ya lo sabe todo, y sin embargo, los creadores siempre consiguen volver a sorprender. En Scalped la violencia es feroz, seca, descarnada, pero más allá de todo eso, destaca desde el principio su principal protagonista, “Caballo Terco” (luego hablaremos de los nombres indios).  Al principio puede recordar un poco, tanto por su apariencia física como por su extraordinaria serie de habilidades para matar, al calvo de Hitman, el famoso personaje de la saga de videojuegos (e incluso a los Metabarones).  Pero se tarda bastante poco en descubrir que hay diferencias sutiles en “Caballo Terco” que suponen una auténtica vuelta de tuerca al estereotipo. Si el comportamiento del superasesino mercenario, estaba bastante justificado dada su condición profesional y su ausencia de memoria (que en ocasiones recordaba a Bourne, o antes incluso, a Memoria Letal,..), por el contrario, la violencia del indio resulta provocativamente amoral, se presenta tan suicida y carente de sentido, que parece casi un personaje de novela existencialista, estilo Bartleby o El Extranjero. Sobre todo al principio, donde se verá envuelto en numerosas peleas de uno contra cientos, literalmente imposibles de ganar, donde es capaz de enfrentarse a cuanto se le ponga por delante armado exclusivamente con su arma favorita, unos nunchakus, para simplemente después de repartir a diestro y siniestro acabar siendo machacado  (por favor no pasar por alto, que un piel roja con nunchakus puede ser algo de los más jodidadmente molón que se haya visto).

Scalped

Por supuesto no es un hecho aislado. No se ha visto una densidad igual de tipos duros por centímetro de papel desde la Iliada. Se presenta un mundo descarnado donde los débiles no tienen lugar. Aún así, alejado de cualquier tópico, pronto se descubre que Scalped es una obra mucho más ambiciosa de lo que puede parecer al principio y es que Jason Aaron parece haber descubierto la américa profunda para el mundo del comic.

En Estados Unidos, hay  ciertos aspectos de sus sus mitos fundacionales que parecen que incómodan. Por extraño que parezca, hay temas escabrosos, como la integración racial, que son revisitados hasta la saciedad, sin embargo hay otros que apenas parecen llamar la atención, véase como ejemplo, la esclavitud del siglo XIX o la ingente cantidad de desamparados por el sistema. El exterminio sistemático, el espolio de sus bienes y su posterior reclusión en reservas para que literalmente se murieran ellos solos al que fue sometido el pubelo indio, es otra de las grandes vergüenzas que han marcado su origen y de las que nadie parece querer hablar nunca.

No parece casualidad que el lugar elegido por Jason Aaron sea el territorio sagrado de las Colinas Negras. Sin ir más lejos, la prestigiosa serie de la HBO, Deadwood, también ubica su trama en el mismo lugar. Este enclave legendario, fue testigo de excepción de  esta peculiar historia de la infamia de norteamericana. Primero como reserva india que parecía asegurar la paz de pueblo indio cansado de una guerra que no podía ganar y poco después, el descubriiento de oro en el territorio provoco la llegada de miles de colonos movidos por la fiebre de la codicia (sorpredentemente eran en su mayoría inmigrantes de origen europeo). Cuando los indios empezaron a molestar, nuevos y cruentos conflictos volvieron a sucederse hasta que el gobierno de los Estados Unidos, en una decisión sin precendentes dio la razón a los colonos, rompiendo su promesa y volviendo a expropiar el territorio a los indios.

Tampoco parece casualidad la tribu protagonista, los indios Lakotas, descendientes de míticos guerreros como Tȟatȟaŋka Iyotȟaŋka, más conocido como Toro Sentado, o Tasunka Witko, Caballo Loco, responsable de las mayor victoria de los indios sobre el ejército de EEUU, en la conocida batalla de Little Big Horn, o lo que es los mismo, los hechos que mundialmente son conocidos como “Murieron con las Botas Puestas” y cuyas estrategias de guerra aún se estudian en las academias militares.  (Es del todo reseñable el mimo que ha puesto Jason Aaron a todos los nombres de los personajes (Caballo Terco, Cuervo Rojo, el Agente Caido, Mama Oso Gris, Shunkya,…) y se echa bastante en falta que la editorial no haya traducido los textos en indio como notas al pie de página).

Resulta fascinante la cultura de los indios norteamericanos. Probablemente fueron victimas de la guerra más desigual de la historia de la humanidad, soldados post-napelónicos contra una sociedad de guerreros neolítica, aún así decidierón luchar y perecer antes que abandonar su forma de vida. Hay que valorar por ejemplo que, el Japón medieval de la época Meizu tardó bastante poco en rendirse ante los buques del comodoro Perry y aunque la comparación sea algo bellaca, eso no resta un ápice de grandiosidad a la gesta india.

Jaon Aaron acierta de pleno al elegir como protagonistas de su drama policial a una tribu descendiente de los Lakota y al situar el paisaje en las legendarias Colinas Negras; de repente el comic se inunda de realidad social, de 80% de paro, de familias enteras condenadas a la pobreza, de un pueblo que después de 100 años de olvido busca volver a situarse en el mundo. Nunca un comic de acción fue más socialmente comprometido; en serio, merece la pena leer Scalped aunque solo sea para entender la situación actual de los indios nortemericanos. En este sentido, parece que el guionista de Star Wars haya descubierto un filón en el comic social, ya que su siguiente obra independiente, “Southern Bastards” (pobremente traducido en español como “Paletos Cabrones”) abunda bastante en esa línea. Cierto realismo crudo y lugares y personajes que probablemente le recuerden a su infancia en su Alabama natal.

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Y aún así, Scalped es todavía mucho más que eso. Es la obra de madurez de un guionista que ha conseguido construir un universo propio que conoce a la perfección. Las historias se multiplican y se cruzan, con dominio de la temporalidad absoluto y asombroso, la trama discurre fluida tanto en el presente como el pasado, con flashbacks y flashforwards constantes sin que en ningún momento el ritmo se vea perjudicado y donde averiguar lo  qué pasó, resulta tan interesante o más que descubrir el desenlace de la historia. A lo largo de los números el comic va engrosando su catálogo de personajes donde de forma milagrosa (probablemente bastante mejor que Juego de Tronos), hay tiempo suficiente para que todos y cada uno encuentren su propio espacio y su propia voz hasta el punto que resulta tan interesante conocer las aventuras de los protagonistas, como del resto de secundarios que a primera vista parecen intrascendentes y con el paso de los números terminan por crear magníficos arcos argumentales.

Antes de terminar, unas breves palabras para el arte que, como no podría ser de otra manera en esta obra, también resulta sublime. El dibujo de R. M. Guera le sienta como un guante a la historia, sucio, directo, dinámico, pero con la complejidad necesaria para captar la complejidad del comic y ser capaz de rellenar una página con 10 o 12 viñetas manteniendo el ritmo. Por mucho que los guionistas manden en el mundo del comic, para que una obra alcance  nivel “excelsior” necesita un buen dibujante y gran merito de la capacidad que tiene Scapeld para trascender hay que atribuírselo a Guera, a su capacidad para sobrecoger, para representar la violencia y la crueldad, pero también para describir la sensualidad, la traición e incluso el amor.

 

Scalped

No se por qué he escrito la reseña cuando todavía me falta por el leer el último tomo de la saga. Quizás porque así cuando llegué al final tenga la excusa para volver a escribir sobre esta maravilla;  quizás porque simplemente en su desarrollo es tan buena, que para aquellos a los que le de pereza leer unas 1.250 páginas de comic, sepán que cada minuto invertido en Scalped merezca la pena porque Jason Aaron ha conseguido crear lo que probablemente sea la última gran epopeya india que se haya escrito.

No os puedo decir otra cosa, no perdáis más el tiempo, no vayáis al baño, no veais series por la noche, salid y comprad el primer tomo inmediatamente: no-os-arrepentireis.

Pd.: Mientras escribo estas líneas acabo de terminar el último tomo, SUPERB

 

Scalped

 

 

 

Comments

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1 comentario

  1. AtA

    Una maravilla, mantiene un nivel de calidad altisimo durante toda la serie, evolucion de personajes dando muchisimo peso a los secundarios, tramas bien desarrolladas y una conclusion al nivel de toda la serie. Una lectura dificil de sustituir, ¿que leer despues de esta bra maestra?

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