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Jul 01

Saeta

“¿Quién nos iba a decir que precisamente el silencio era lo que nos iba a delatar?“

El jefe.

 

Han pasado tres amaneceres desde aquella emboscada, todo pasó muy rápido, teníamos que reunirnos con el destacamento de las águilas, el ejército más fuerte de nuestras tierras fue repelido por las hordas enemigas junto al rió salado, sus fuerzas se vieron reducidas a menos de la mitad.

Debimos de esperar un solo día, eso es lo que nos dijo ese cazador que vino a alertarnos por orden del jefe de las águilas.

-Corre durante un día hacia esa estrella, la primera que se ve en cuanto anochece, Sirio se llama, vuela tan veloz como puedas, encuentra a nuestros aliados, en su estandarte veras un macho cabrío, avísales de nuestro fracaso, ¡corre!, apresúrate.

Paso un día, pero nadie llego, decidieron esperar, preparamos un posible enfrentamiento, hacíamos guardia de 10 en diez, las fuerzas flaqueaban, el segundo día los ánimos y la esperanza de que volviese alguno vivo se desvaneció tan rápido como una estrella fugaz, el tercer día nos preparamos para partir pero algo en el ambiente cambio, todos mis sentidos despertaron de un letargo al que me había acostumbrado, el olfato fue el primer aviso, miraba a mi alrededor pero todo parecía tranquilo como díasen anteriores, el oído le siguió, algo inusual que no había escuchado antes me alerto aún más, la mirada delato la intranquilidad de nuestro superior,  y el tacto, el más cruel de todos los sentidos  me hizo recordar lo que era el dolor, una flecha impacto en mi hombro derecho, la saeta, el dolor y la sorpresa precipitaron mi caída junto a la de otros muchos que me siguieron, yo tuve suerte, otros no tanto, pude partir el resto de flecha que no penetro y fui gateando intentando ver algo sin levantarme demasiado, entonces los vi, vinieron rápido y en cantidad, dispersos pero ordenados como una manada de lobos hambrientos que a la desesperada buscan el mejor de sus bocados.

En la guerra te acostumbras rápido a lo bueno pero nunca acabas  acostumbrándote a lo malo en este caso pecamos de ingenuos, tras tres días sin ver un alma caímos en la desidia, ese fue el error que nos marcó para siempre.

Decían que estas tierras eran lo más bello que se podía ver estando vivo, pero yo solo veo lluvia, sangre y muerte.

En el oscuro y tranquilo camino, grillos, búhos y murciélagos  enmudecen a nuestro paso, llevamos medio día y casi toda la noche caminando sin saber a dónde, creemos que ni nuestro superior sabe hacia dónde vamos, le obedecemos, tiene experiencia, lucho durante más de 10 días seguidos en la atalaya del norte, el solo, sin agua ni comida, puede que solo sean habladurías, pero desde luego, lo que si es cierto, es que solo con mirarle intimida más que la misma muerte, cinco de nosotros, elegidos por los dioses para continuar sufriendo el calvario de la guerra logramos escapar de esa escabechina, no se puede decir que huyéramos, solo estábamos preparando el contra ataque, eso decía el jefe, pero todos sabíamos que nosotros cinco y dos días de viaje eran todo lo que nos separaba de la capital totalmente desguarnecida, teníamos que llegar, avisar de la pérdida total de nuestros territorios, rió salado, los lagos del sapo o las llanuras ya no nos pertenecían, nunca vería a nuestros hijos corriendo o nadando en aquellos lugares, pero tampoco quería verlos muertos, en algún lugar podremos rehacer nuestro hogar, en algún lugar podremos ser libres en vida.

Solo quedaba un día de viaje, tiramos gran parte del equipamiento, la comida y el agua, así ganaríamos tiempo dijo el jefe, esa noche fue la más larga de mi vida, cerré los ojos, entonces la vi aparecer, el chasquido de una rama la delato, era mi mujer, más bella que nunca, me levante, corrí hacia ella, empezó a llorar, nos abrazamos fuerte, la beso, la beso como si fuese el último beso, abrazados e ignorando al resto nos tumbamos en el suelo, empezamos a hacer el amor, rápido pero con suavidad, entonces ese desagradable sentido, el tacto nuevamente, en mi pie, una gran patada me acababan de propinar en mi pie, abrí como pude los ojos y allí lo vi, uno de mis compañeros intentaba retirar su pierna sin ser visto y un pequeño corrillo alrededor mío riéndose de mí, en cierto modo me desilusione mucho, pero por otro lado en meses fue quizás las únicas risas sinceras que oímos, hasta yo empecé a reírme, todos nos reíamos menos el jefe, nos daba la espalda, se giró y sin decir nada nos señaló una dirección con el dedo, una enorme columna de humo negro se alzaba en la lejanía.

Exhaustos llegamos a las puertas derruidas de la ciudadela, nadie nos recibió ni amigo ni enemigo, todo parecía destruido, uno de nosotros grito, gritaba y gritaba con la esperanza de que alguien contestase, pero nadie lo hizo, nadie respondía a nuestras llamadas, en ese momento rugieron las trompetas a nuestras espaldas, eran ellos, el enemigo.

Ninguno de nosotros teníamos fuerzas para seguir huyendo, todos en fila mirando al enemigo a dos pasos de la entrada de nuestra ciudad cogimos nuestras armas, en ese preciso momento un silencio aterrador inundo el desolado ambiente, antes de darnos tiempo a pensar el enemigo soltó sus perros de guerra, diez enormes perros de guerra se veían a lo lejos, el jefe se rió y dijo.

-Mirad, mirad que perros más grandes, aun estando lejos son enormes imaginaros como serán de cerca, jajaja, siguió riéndose, así me gustan a mí, grandes, cuanto más grandes más fácil es darles ¡coged arcos largos y dos flechas cada uno! Solo tenéis que acertar.

Algo hizo que ninguno de nosotros errásemos los tiros, quizás saber que estábamos ante el jefe, aunque  bueno uno de los perros logro llegar a nuestros pies agonizando pero se derrumbó al instante, era realmente grande.

Nuevamente el jefe rompió el tenue silencio  acompañado por un silbido que hacían los agujeros del portón principal mientras se consumían en llamas.

-Tengo que sincerarme ahora que vamos a morir, se cuentan muchas historias sobre mí, ninguna es verdadera la verdad es que al tercer día sin bebida ni comida me rendí, todos esos días estuvieron torturándome día y noche, solo quería saber una cosa, querían saber cómo vencernos y lo han logrado, nos han vencido.

-¡No digas eso! Aun no nos han vencido, mientras uno solo de nuestra raza siga vivo esté donde esté no habrán vencido.

Nuevamente las trompetas aún más de cerca los enemigos, de pronto el cazador apareció de la nada subido a la muralla a punto de derruirse.

-Hola de nuevo, estad tranquilos y mantened posiciones, guardad silencio y no os giréis ahora os pueden ver.

El enemigo se contaba por cientos,  venían todos en bloque con sus brillantes armaduras, sus lustrosos cascos, se les veía confiados por un superioridad, estaban cerca, desconocemos por qué no nos atacaron con sus flechas, ya estábamos a tiro pero de pronto empezaron a llover sobre nuestras cabezas grandes ánforas en llamas, cientos de ánforas diría yo, un estruendo como nunca había oído comenzó sin cesar, las ánforas al caer en el suelo reventaban vertiendo un líquido inflamable y empezaron a quemarse vivos, todos, no había lugar donde no abarcasen las temibles llamas, en pocos minutos el ejército enemigo se había reducido a cenizas solo un pequeño grupo logró rodear las llamas y otro menos numeroso se quedó detrás de ellas, ya no quedaba nada, estábamos vivos, reímos a carcajada limpia  hasta que nuevamente fuimos interrumpidos por el cazador.

-¿por qué os reís? hemos ganado esta batalla pero hace meses que perdimos la guerra, no quedan poblados, ni pueblos ni ciudades, toda la población o está muerta o capturada, ustedes mismos están muertos pero no lo sabéis aún.

-Quizás sea verdad, quizás estemos muertos ya, pero yo no recuerdo cómo se siente la muerte, ¿ qué opináis compañeros? ¿hemos muerto? ¿o vamos a morir?

Todos al unísono.

-¡Vamos a morir! Y blandiendo nuestras espadas y escudos nos adentramos en las llamaradas hasta que el silencio nos delato.

 

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2 comentarios

  1. AtA

    Welcome a NSF J, fantástico relato para estrenarte.

  2. Antiloo

    yujuuuuuuuuu Bladej has came!!!! ya era hora amchi!!! Que vuelen las ánforas!!!!

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