Revelación

Nunca imaginó que, llegado el momento, su mayor preocupación sería quedarse sin tabaco durante la espera. Con los dedos acaricia los tres filtros tratando de apaciguar el ansia de volver a encender otro cigarrillo. En el suelo descansaban un par cajetillas vacías que se había fumado en las dos últimas horas. En su cabeza el retumbar constante de una palabra que siempre le pareció ambigua: Apocalipsis. ¿Por qué usar para denominar al fin del mundo una palabra que etimológicamente tenía un significado tan “revelador”?. Se le antojaba paradójico el hecho de ser él, Juan (que así se llamaba) quien estuviera en aquel lugar, en ese preciso instante y ante un final que no acababa de llegar. El miedo jugaba con el deseo de acabar con aquello. ¿Por qué esperar a que llegase algo que no quería que llegara?, ¿Por qué no había tenido el valor de acabar con ello antes y así evitar la angustiosa espera?. La curiosidad le ganó el pulso a la cobardía. Sabía que no iba a sobrevivir y aun así quería vivir ese momento en un afán de poder contarlo algún día. Se imaginaba la conversación en el bar donde todas las mañanas tomaba el café con sus compañeros.

¡No sabéis lo que me pasó anoche! ¡Pude ver el fin del mundo! ¡Fue bestial! Tampoco se pasa tan mal ¿eh? Un poco de agobio, eso sí…

Era ridículo, se castigó por estar pensando en aquellas banalidades estando tan cerca de su propia muerte .Sin embargo, era incapaz de evocar un solo recuerdo de su vida, no tenía nada que recordar, nada que añorar…Eso le aliviaba profundamente, sabía que no había nadie detrás de aquel cristal que le estuviera echando de menos en ese momento.

“Apocalipsis, apocalipsis, apocalipsis,…”

Encendió un cigarro. El sonido del papel al quemarse acompañó a una bocanada intensa, desgarradora .Tosió. El eco que retumbó de esas cuatro paredes le hizo sentir aún más sólo. Por un momento sintió unas ganas inmensas de llorar, de tirarse contra el suelo y patalear, gritar, romperse la voz entre quejidos, arañar el suelo hasta arrancarse las uñas, lamer sus lágrimas y vomitar todo el miedo que tenía contenido. Fue fugaz el sentimiento como la colilla que acababa de apagar en el suelo. Uno menos…

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¿Cuánto quedará? Miró hacia la ventana, en vano pues una tupida cortina se encargaba de no dejar ver lo que pasaba detrás de ese improvisado zulo. ¿Por qué estoy aquí?, ¿de qué me escondo?, quizás afuera todo llegue más rápido. ¿Y la puerta? ¿Dónde está la puerta? De repente no recordaba cómo había llegado allí. ¿Y si llevaba más de dos horas en aquél sombrío lugar? Su mente comenzaba a fallarle. Empezó a temblar. ¿Sería eso el tan temido apocalipsis? Nunca nadie había sobrevivido a uno para poder contarlo. A lo mejor la muerte llega antes que el propio fin del mundo como un último intento de luchar ante el inminente punto y final. Nadie sobrevivió al apocalipsis porque nadie llegó a él. ¿Y si el fin del mundo en verdad no existía? ¿Y si es sólo una invención? ¿Y si hay alguien ahí arriba que sí sepa que no habrá nadie que evidencie que todo esto es un engaño? ¿Se puede, literalmente, morir de miedo? Recordó todas aquellas películas apocalípticas que había consumido en los últimos años. Si sobrevivo a ésta tendré que contarlo. Se sonrió, en el mismo instante en el que el marco de la ventana reventó y un tornado barrió las cenizas de los dos cigarrillos que nunca llegó a fumarse.

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4 comentarios

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    • Antiloo en 23 abril, 2015 a las 2:03 pm

    Muy bueno ET, impactante imagen final, oye y que le vas cogiendo cariño a San Juan, me gusta mucho como te ha quedado de natural esa combinación de cotidianidad y el hecho fantástico … jeje estaba claro que en ciertos momentos de tu vida, quedarte sin pitis es el más puto apocalipsis. Me quito el sombrero.

    • E.T en 23 abril, 2015 a las 3:37 pm

    Muchas gracias Antiloo!y gracias por hacerme un huequito en vuestro espacio!!

    • Antiloo en 23 abril, 2015 a las 4:02 pm

    Wellcome!!!!!!!!!! Somos nosotros los que esperamos que tengas un hueco para pasarte por aqui más a menudo

    • Tanur en 4 mayo, 2015 a las 4:41 pm

    El miedo a la muerte, ese gran desconocido…
    El ansia de conocer…

    Ergo, el ansia de morir?

    Bonito relato ET.

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