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Jul 27

En la oscuridad del rio

En la oscuridad del rio, camino a rastras por la ribera del Gor oculto por su calígene venenosa. Mi huida es desesperada. Sólo la ira y porque negarlo, también el miedo, evitan que desfallezca. Intento trepar la ladera pero el barro atrapa mis pies y tengo que ayudarme con las manos, casi agarrándome a la tierra cerrando los puños, para poder avanzar.  Mis perseguidores están muy cerca, oigo el rugir de los cazadores y por delante de ellos, más cerca incluso, oigo el ladrido de las bestias furiosas entrenadas para cazar a los hombres. En el bosque ya se ve el resplandor de las antorchas y el brillo de sus armas. Al principio la noche me favoreció, partí con cierta ventaja antes de que pudieran dar la voz de alarma, aún así, ellos son ciento, yo sólo soy uno, una cólera ciega les mueve, aunque fracasen, muchos otros les sustituirán. No importa, sus aullidos y su mezquindad me transmiten la fuerza necesaria para continuar. No lograrán atraparme.

En el cielo, nubes rojas reflejan la ciudad en llamas, el incendio se extiende. El viento arrastra cenizas y el humo huele a victoria. Detrás de cada árbol, amenaza una sombra, quizás un amigo dispuesto a ayudarme, quizás un cazador. No importa, no tengo miedo. Muchos de ellos me odian, es lógico, no conocen los hechos y se creen inocentes; pero hay otros, el resto, los miembros de mi comunidad, mis vecinos, incluso mis propios parientes, sé que ellos me persiguen con un fervor aún más enloquecido intentando probar su propia inocencia. Ellos lo saben, un hombre no puede continuar viviendo sin vengar sus afrentas. Un hombre protege a los suyos y no consiente en vivir siendo partícipe de la villanía y la corrupción de sus semejantes. Ahora por fin, la ciudad arde, sus calles se cubren con la desesperación largamente anunciada, y todos huimos.

Sé que no estoy solo. Seguro que ahora, otros aprovechan el desconcierto de mi huida para escapar ellos mismos también. Probablemente, cuando llegue al desierto, allí haya veinte, treinta más, quién sabe, quizás seamos miles… Será como un pequeño ejército, todos compartiendo un sentimiento común, que no defenderá fronteras, ni países, ni reinos, ni seres queridos, esta vez será verdaderamente la mano de la justicia, sobre la faz tierra.  

Ciudad maldita, el infierno vivo desde que llegué a este mundo. Nunca tuviste bastante. Los he visto ir y venir, incluso morirse, si odio esta ciudad, si los perdono, los cicatrices y los cortes en mi cuerpo; ciudad me atravesaste, ahora odio cada palmo de tu tierra. Me dejaste solo. El hombre sabio, el hombre respetable, ciudad de las oportunidades, ¿qué bien te piensas que hiciste?¿Acaso crees que fui mejor persona por crecer en tus calles? Tú y tus estúpidas esquinas, te llevaste a los míos, por fin pagas tus crímenes, recuerdalo siempre, yo hago que ardas en el infierno. Sé que no será suficiente, volverás a resurgir, el empeño de las gentes mezquinas  que te habitan, te reconstruirá. No importa, volveré, viviré para ver tus muros rotos de nuevo, viviré para verte otra vez ciudad destruida. No pararemos ahí, el cansancio de tus gentes esparcidas y yo mismo, continuaremos juntos, correremos la llanura como los pueblos del mar, arrasando los restos de tu civilización.

 

 

Comments

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2 comentarios

  1. J

    Espartaaacooooooo

  2. Antiloo

    Auh!! Auh!!! Auuuuhhhh!!!!! Che q bueno q viniste!!

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