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Jul 07

En el puente

en el puente nosomosfrikis antilooVine al puente movido por las circunstancias. Cuando tomé la decisión era plenamente consciente de mis actos y entendía sus implicaciones. Pero el azar es irónico, ahora con los pies colgando sobre el vacío me maldigo a mi mismo y maldigo mi imprudencia. El viento helado del norte baja a través del valle y se clava en mi cuerpo desnudo zarandeándome. Voy a caerme, lo sé, voy a morir. Siento tanta vergüenza. El cansancio se adueña de mis brazos, no creo que pueda resistir mucho más. Al principio, hace apenas veinte minutos probablemente hubiera tenido la fuerza necesaria para levantar el peso de mi cuerpo y trepar la barandilla. Pero tuve miedo entonces. ¿Y si al lanzar mi mano no conseguía agarrarme a la barandilla? ¿Y si al incorporar los pies fallaba el apoyo por algo imprevisible? La tormenta ha dejado todo mojado y resbaladizo, los barrotes de la valla están muy oxidados y tienen pinta de quebrarse fácilmente ante un esfuerzo mal calculado. Lo pensé detenidamente, sin duda me estaba precipitando. Existían otras alternativas que también podrían salvarme. Podría pasar alguien por ejemplo, y ayudarme a subir. Desde luego, sería violento pedir ayuda a un desconocido y tener que explicarle mi situación, sin ropa, colgando del puente, al borde de una muerte segura y solitaria, en la profundidad del viaducto.Tenía que elegir bien mis palabras. Podría tomarme por un suicida o peor aún, por un maníaco. Podría sentir miedo y temer que yo aprovechara su mano tendida para lanzarle al vacío. Aún así no era probable. Bastaba ver mi rostro desfigurado por el pánico y el sufrimiento de mi cuerpo a punto de quebrarse por la tensión, era imposible que no me ayudara ante semejante situación. Movido por esta resolución, decido no actuar. Durante unos minutos me invade el optimismo, he tomado la decisión adecuada, sé que voy a ser capaz de resistir, que voy a salvarme. Resulta curioso entenderlo tan claramente ahora. Había permanecido inerte demasiado tiempo y el simple devenir de los acontecimientos me había empujado ante aquella absurda situación como si yo fuera el culpable, cuando en verdad podría decirse que yo era la víctima. Es responsabilidad mía, es cierto, pero en mi descargo siento que cualquier otro hombre se hubiera sumido en la aflicción. Sin embargo yo, a través de mi inactividad, he decidido luchar, quizás sea tarde, pero aguantaré independientemente de qué o quién trate de impedírmelo. Aunque se trate de mi propio cuerpo traidor, tirando de mí hacia abajo, aunque se trate del simple aire a mi alrededor, concentrándose sobre mis hombros, empujándome al vacío. Lo conseguí antes. Lo conseguiré ahora. He cometido errores, no lo niego, errores groseros, errores que reducen una vida entera a la condición de sádico. Fallé a mi mujer, he visto mi propio fracaso reflejado en la mirada decepcionada de mi hijo. Nada como esto. Antes, mucho antes, hubiera podido probar mi inocencia sin mayor problema. Hace algunos años hubiera sido tan fácil, me hubiera bastado intentarlo como el que chasca los dedos. Puedo asegurar que evitar el castigo no me hubiese supuesto más esfuerzo que el mero acto de querer. Estúpido de mí, ahora solo me queda este puente y la ridícula fuerza de mis brazos. Si consigo levantarme, me salvo, si caigo, pierdo. Ese podría haber sido el planteamiento lógico, sin embargo, existía una tercera opción y yo he decidido aferrarme a la idea irracional de que alguien va pasar, que voy a coger su mano y que él tirara de mí, que otra vez merezco una segunda oportunidad excepcional como si fuese el seguidor de una religión abrahámica que dictamina que soy parte del pueblo elegido para la redención. Ha funcionado tantas veces en el pasado, como no voy a creerlo aún a pesar de que mi cuerpo no me responda. Siempre tuve miedo de este momento, cuando me fallan las fuerzas y ya no me quedan más argumentos para defender al farsante que habita mis pensamientos. No puedo evitarlo, cuando veo las luces de los automóviles bajando la montaña, irremediablemente el vicio de la salvación me inunda de nuevo. No puedo reprimir fantasear con que uno de esos coches llega hasta, aquí, un agente de la ley aparece en la penumbra y me salva.  Y entonces sucede. De repente, los faros del coche se asoman al inicio del puente y otra vez, se asoma esa voz directamente desde mi pasado. Me dice que he vuelto a conseguirlo, que voy a escapar y que por fín la verdadera naturaleza de mi ser se impone. En mi necedad, saboreo este momento igual que una victoria ante los persas. No sé cómo no lo había pensado antes. Quizás el ruido del motor ha amortiguado mis gritos o la incipiente penumbra del crepúsculo ha impedido que el conductor me viera, el hecho es que el vehículo pasa de largo y yo continúo colgado de mi muerte. Parece que la Fortuna no quiere que olvide la magnitud de mi soberbia y se encarga de recordádmelo una y otra vez a golpes lentos . Siento la ira crecer dentro de mí, este puente se encuentra en las afueras de la ciudad, sólo sirve para atravesar las montañas hacia las aldeas y por la noche apenas tiene tránsito. Pensar que alguien a pie, un caminante cualquiera, quizás un pastor, coja esta dirección tan tarde es más absurdo todavía. Resulta injusto que aprender de nuestros errores tenga que ser tan doloroso. Llevo más de veinte minutos colgado, no soy precisamente débil, pero no creo que pueda resistir ni tan siquiera una hora. La verdad es que me aterra perecer aquí y no me refiero al simple hecho obvio de mi supervivencia física, simplemente ya no tendré la oportunidad de explicarlo, por qué estoy haciendo esto , qué es lo que siento… el futuro será un sitio peor por eso. Pienso en ella, estará llegando a casa ahora mismo sin los niños, no pasará mucho tiempo hasta que lo encuentre. Quizás al principio lo ignore, entrará distraída y no se fijará en los detalles. Irá a nuestro cuarto completamente ajena, por la noche no suele bañarse así que se cambiará de ropa, solo entonces volverá al salón y los verá. Todos los documentos desparramados encima de la mesa. Me estremezco de solo pensarlo. ¿Por qué tuvo que pasar? ¿Cuánto tiempo tardará en darse cuenta? Ella sabe reconocer una mentira al instante, seguirá su instinto, conoce mis contraseñas, buscará en el ordenador y lo encontrará ¡dios mío! lo averiguará todo, sabrá lo de la bomba. ¿Qué me queda frente a eso? Ya puedo ver sus lágrimas de horror, es una tremenda injusticia. Si tuviera otra oportunidad. Siempre supe que era un error intentarlo, no es de eso de lo que me arrepiento, por otra parte, no haber tenido el tiempo suficiente para poder llevarlo a cabo, haber fallado por tanto, eso me atormenta. Ahora otros continuarán mi camino, pero serán falsos otros, un simple yo impostor que no estará a la altura. No tardarán en traicionar todo en cuanto creemos. El castigo es justo, no lo niego, en general un pecado de arrogancia envolvía a todo el acto. Puedo verlo, esa vanidad de querer triunfar donde tantos  otros fracasaron: confíe más en el poder de mi naturaleza que en la cultura del esfuerzo y eso me ha perdido. Mis brazos tiemblan y mis manos entumecidas comienzan a dormirse. Poco a poco, pierdo la conciencia de mi cuerpo. No importa, no volveré a verla, eso solo hace que no merezca la pena seguir viviendo. Ahora ya no descarto ser yo quien se rinda, incluso antes de que me fallen las fuerzas. No creí que fuera a perderla, siempre supuse que podría explicarlo, quizás no directamente a ella, estaba cegado por mi egoísmo y creía que para alcanzar la grandeza el hecho debía justificarse por sí solo. Libertad para todos, ella incluida, fuera de los estrechos márgenes de la cotidianidad. ¡Qué rabia, qué ira, qué maldito destino! No merece la pena seguir viviendo. Llegan los calambres, mis miembros se tensionan y mi cuerpo se comba, el dolor es insoportable. Mis manos empiezan a desprenderse de la barandilla y hace tiempo que no puedo puedo utilizar los pulgares para cerrar mi agarre. Esta agonía es eterna, ya no soporto la idea de esa fuerza exterior que no se va a detener hasta que mis tejidos exploten y mi cuerpo caiga desgarrado. Ella no va estar conmigo, todo se ha perdido. Llega el momento de parar, aunque se trate de morir aplastado. Todo ese peso sobre mi, ya no tengo voluntad suficiente para resistir el dolor, incluso pensarlo duele, no voy a continuar, no quiero seguir luchando, aunque sea horrible rendirse, quiero descansar al fin, ya nada puede ser peor que esto; lo decido: suelto las manos, caigo al vacío.

 

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Comments

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4 comentarios

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  1. E.T

    Muy bueno Antiloo! Y se podia haber salvado…así somos los humanos…decisiones que duran segundos nos pueden llevar al fondo del abismo…

  2. Antiloo

    Gracias ET… pues si se podía a ver el tio escapao jeje peroooooo la mala cabezaaa

  3. AtA

    Menuda racha de muertes en los relatos de NSF ¿Se salvara el protagonista en alguno? jaja, este es un tarao mira que no intentar subir. ¿y porq llega al puente? ¿tendremos el primer spin off? Muy buen relato

  4. Antiloo

    Pues prepárate porque nada bueno viene en los próximos jeje

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