Algo de filosofía en Juego de Tronos

Ya se nos ha ido otra temporada de Juegos de Tronos, ¡qué se la va hacer, la vida debe continuar! (Haber que hace Truño Detective 2 para remediarlo). He de reconocer que al final los cabrones han conseguido volver a jugar con mis expectativas, y en este post en particular, no me estoy refiriendo a los finales sorpresivos ni a la sucesión de muertes épicas (hay una broma famosa de G.R.R Martin sobre que cada vez que alguien le pregunta que cuándo va terminar un nuevo libro, él mata a un Stark).

Entiendo que mis palabras necesitan un explicación un poco más detallada.

La mayoría de series, igual que los libros y que las películas, aún siendo muy buenas, no dejan de ser brillantes ejercicios de entretenimiento. Tramas muy bien urdidas, con personajes atractivos (lease interesantes) y argumentos cargados de giros inesperados. En la mayoría de los casos (predominantemente en los USA), los productos de arte/ocio de este estilo no persiguen otro objetivo que contar una historia buena, una muy buena, muchas veces incluso una historia excelente e inspiradora, pero me temo que en bastantes ocasiones simplemente se quedan eso, en otra historia más. Nada que te invite a pensar y reflexionar sobre algún aspecto recóndito de la realidad, o mejor dicho, a replantearse la concepción que uno tiene sobre el mundo. No sé me malinterprete, no me parece que haya nada malo en esto, es completamente lícito, como tampoco me parece que haya nada malo en intentar dotar de cierto mensaje al contenido. Está claro que en nuestro caso, el único pecado es el aburrimiento, a partir de ahí todo vale.

Ahora mismo, pienso en la película de Spike Lee, “Un plan oculto”. Película excelente sobre un atraco a un banco.

Estoy convencido que cuando el proyecto pasó por primera vez por las manos de Spike Lee no aspiraba a crear un nuevo paradigma filósofico. Muy al contrario, el director de Malcom X en realidad se alejó bastante de su tradicional zona de comfort, simplemente porque se dio cuenta de que tenía entre manos una cinta muy entretenida que aportaba un punto de vista fresco y ameno sobre el género de atracos a bancos. Lo que se dice un acto estupendo de meta-cine (solo por aportaciones en ese campo Tarantino ya ha pasado al Olimpo de las películas). Sin embargo, poca gente negará, que Spike Lee en ningún momento tiene la pretensión de dotar a la película de un mensaje profundo, (insisto en que, ni falta que hace).

En esta línea, resulta curioso pensar en series como «In the Flesh» (inglesa) o «Real Humans» (francesa), y comprobar la enorme diferencia que existe entre su enfoque y la de otras creaciones afines como pueden ser «Walking Dead» o la oscarizada «Her». «In the Flesh» sirve para describir las reacciones que experimentaría la sociedad ante cualquier epidemia realmente devastodara, mientras que por las venas de Walking corre la lucha por la superviviencia.

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Pero volvamos a Juego de Tronos.

Por un lado, tiene la clara voluntad enganchar al espectador por la vía más directa y simple, sobre todo al principio, mediante escenas de acción apabullantes, violencia cruda y por qué no decirlo, sexo explícito a cuatro patas. Y lo consigue realmente bien. Desde luego es una faceta que triunfó y que atrajo a mucha gente a la serie al principio. Luego, poco a poco, el gusto por la trama imposible y la lucha por el poder, la ha ensalzado a la categoría de acontecimiento imprescindible cada vez que se estrena o concluye una nueva temporada. Otro efecto narrativo, muy reconocible, lo constituye esa manía del escritor por matar uno tras otro cualquier personaje huela a protagonista para mayor confusión de los espectadores que no dejamos de sorprendernos aún a pesar de tener precedentes claros como la mítica «Psicosis» de Sir Alfred Hitchcock. Esto solo por citar algunas de sus características más reconocibles y alabadas, pero hay muchas tantas otra más, el muro, los zombies, los dragones, la hábil revisión de hechos históricos, etc.

Y, si bien es cierto que Juego de Tronos constituye un magnífico ejemplo de entretenimiento, no menos cierto resulta que G.R.R. Martin tiene también bastante claro el mensaje que quiere transmitir con su obra (o más bien los mensajes). Hay uno especialmente demoledor culpable de inspirar este post. Se podría resumir como que nadie es tan malo, como para justificar la ley del Talión y el despreciable ojo por ojo y nadie es tan bueno para impartirlo. Ahí están los casos de Jamie Lannister, Hediondo y Cersei. En un principio G.R.R. Martin nos presenta a Jamie Lannister como un ser despreciable, incestuoso, mata reyes y mata niños, dispuesto a aprovecharse del más mínimo resquicio para practicar el mal a nuestros queridos-aburridos Starks protagonistas. Después de dibujarnos un personaje atroz durante capítulos y capítulos llenos de maldades, justo en ese momento álgido cuando está a punto de ser castigado y el espectador le desea el peor de los destinos a ese inmundo y despreciable Lannister, G.R.R. Martin se encarga de darle la vuelta a al argumento y nos presenta un ser enamorado e incluso de nobles comportamientos en su relación con Brienne. Cuando finalmente Jamie es apresado por sus enemigos y estos le someten a toda clase de torturas, inconscientemente el espectador termina por ponerse de su lado. Jamie es vejado, golpeado, e incluso se mean encima de él y le cortan la mano derecha… Ningún crimen cometido por nadie merece semejante castigo. Llamémosle misericordia, llamémosle incapacidad para soportar el sufrimiento ajeno, o llamémosle simplemente justicia, pero ningún espectador respalda este comportamiento, muy al contrario todos empezamos a tener simpatía por un el personaje casi redimido que ha vuelto a la senda del bien.

¡Qué decir tiene el caso de Hediondo! Ese desgraciado de Theon Greyjoy capaz un personaje infame de traicionar a su familia casi adoptiva y de quemar vivos a sus hermanastros pequeños, lo que sea por apoderarse del trono de Invernalia. Una conducta despreciable desde luego que sin embargo al igual que en el caso anterior no justificará al proceso de tortura sistemático que será sometido por Ramsay.

Por último (y por eso empezamos diciendo que estos cabrones de Juego de Tronos, lo han vuelto a hacer), está el caso de Cersei. La maligna madre, conspiradora, vengativa, capaz de todo por mantenerse en el poder finalmente se ha visto sometida a un mes de torturas, encerrada en una celda, sin beber ni comer, para terminar recibiendo esa humillación final a manos de la plebe con claros paralelismos con la historia de Jesucristo. Al igual que en los dos casos anteriores, creo que ningún espectador está de acuerdo con esos castigos. Quizás sea porque la gente que los inflige son tan malvados, codiciosos y despreciables como los propios castigados, sea cual fuere la razón, nadie puede sentir empatía por esa clase de verdugos. Inclusive; nadie que tenga una mínimo sentido de justicia sería podría ser ejecutor de semejantes atrocidades.

Con estos hilos argumentales, está claro que G.R.R. Martin está intentando transmitir un mensaje al más puro estilo europeo: ningún crimen justifica otro crimen. Ninguna conducta despreciable puede disculpar otra conducta igual de despreciable por muy atroces que sean los delitos que hayan cometido. Si el mal se castiga con mal, la sociedad que castiga se convierte en igual de malvada. Como todo argumento universal, la idea transciende la propia obra. A día de hoy, hemos vivido y tenemos horribles ejemplos de este comportamiento. ¿Por miserables y desgraciados que fueran los presos de ETA, merecían el trato de los GAL? ¿Los terroristas de Al-Qaeda (porque alguno habrá), las torturas de Guantánamo? ¿Acaso se merecía el pueblo palestino la venganza de Israel, aunque se hubieran cometido auténticas masacres en su nombre? En el futuro, si vuelvo a encontrarme a alguien con dudas sobre esta verdad intuida, creo que la próxima vez, antes que volver a discusiones del pasado (ya superadas), probablemente la mejor opción sea recomendarle que vea las cinco temporadas (por el momento) de la serie. A este respecto, la obra de G.R.R. Martin constituye uno de los alegatos más complejos que se han escrito sobre el tema.

¡Y parecía solo fantasía!

 

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