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Ago 02

La Maleta

Madrid. Verano. El atardecer de las nueve de la noche, los últimos rayos de Sol arrancan tonos anaranjados y púrpuras sobre la contaminación. Los coches machacan las calle principales, hay nervios en el tráfico y hay malos modales: todo el mundo quiere regresar a casa.

Debiera ser una cafetería céntrica, quizás, por los detalles lujosos, el Círculo de Bellas Artes, clientes variopintos y consumiciones de baja estofa.

Así que, se baja la calle Alcalá, se rodean las Cibeles y se sigue de frente.

El paisaje lo forman profesores de literatura, viejas dueñas, funcionarios sedentaristas, políticos desconocidos, estudiantes perezosos, preciosas jovencitas, importantes hombres de negocios…

De cerca: una menina, una mujer mayor y una madre.

Una conversación acalorada.

La madre, “Un comportamiento inapropiado.”

La mujer mayor, “Claramente inapropiado.”

La menina niega con la cabeza, mira a través de los cristales, el cielo azul contra el blanco y negro de la cafetería.

La madre “ Esas distracciones no son aconsejables.”

La mujer mayor, “Desde luego, no son distracciones sanas para una señorita.”

La menina, indignada, a la mujer mayor, “¿Puede saberse qué son distracciones “sanas”? Y, a quién demonios estás llamando señorita!”, a continuación, encarándose a la madre, “Sabes, hay tantas cosas que no entiendo, tantas cosas que desconozco… No me atrevo a juzgarlas. Pero que tú… El motivo por el cual  te pones de su parte, eso si es un misterio insondable. Y no me atrevo juzgarlo, creeme que no lo juzgo, pero me revuelve las tripas.”

La madre, “No hables así.”, se lleva la mano a los ojos, solloza, “Soy tan desgraciada. Lo he intentado tanto. No me merezco perderte ahora.”

La mujer mayor, “No tendríamos que haber venido”

La menina, decidida, “No tendrías que haber venido”, la mujer mayor le devuelve la mirada airada y continua impasible, “Te dije que no serviría nada. Por mí puede volverse a la selva de la que salió”.

La madre, “No digas eso”, a la menina, “No lo dice en serio. Ella mismo insistió en verte. Sólo queremos que vuelvas con nosotras.”

Por fin, sincera en su expresión, la madre continua, “Quizás no haga falta que vuelvas, quizás no sea precipitado. ¿Donde estás viviendo? ¿Estás bien? ¿Es bueno contigo ese chico? Si por lo menos supiera donde estás viviendo… tendrás una dirección, un número de teléfono. ¿Por qué no quieres decirmelo? Si tu conocieras esta incertidumbre en la que vivo… nadie debería vivir con esta incertidumbre.”

La mujer mayor, “Déjala, dala por perdida. No tardará en volver cuando se le acabe el dinero.”

La madre solloza de nuevo, la menina estira los brazos recogiéndole las manos en sus manos en un intento de confortarla con su gesto. La madre continua, la mirada baja, “No es justo, no lo es…”

La menina, tranquilizadora “Quizás no tenga que serlo. Hablas de la incertidumbre, y sabes, yo tengo esa sensación de esperar continuamente, nunca se termina esa sensación. Siento que estoy esperando, que sigo esperando, pero nunca pasa nada… Hablas de la injusticia, y no sé, sabes esas cosas que nunca harías, esas cosas que siempre estás diciendo que nunca harías, que son realmente malas. Ahora mismo, veo esa nube de cosas acercándose lentamente, están pasando; se aferran a mí,y ya no puedo controlarlas…”

(Pausa)

“No puedo controlarlas… Son una red grande y amenazante, que se cierne sobre mí.”

(Pausa)

La madre, sintiéndose otra vez otra madre, capaz de entender cualquier cosa, capaz de perdonar cualquier cosa“ ¿Y ahora qué? ¿Te vas a marchar?”

La mujer mayor, “Claro que se va a marchar. Tiene el egoismo dentro. “, corazón de hielo, “Es el reflejo del egoísmo de esta época.”

La madre a la menina, implorante, “Te vas a quedar, ¿no es cierto?”

La menina, decidida, “¿Y quien pagará el coste? No puedo quedarme, he estado esperando tanto tiempo, ya no es tan fácil. No quiero, me niego, yo no pienso pagar por todas. Tu siempre te has puesto de parte de cualquiera, ahora te aferras a ella también… Desconozco que te hace pensar que estás haciéndolo bien, pero yo ya no, no me hables costes, por una maldita vez” (entre dientes) “van-a-pagar-los-falsos.”

La menina en pie, los puños en la mesa; la madre, muda, “Pequeña…”, mas cerca, dice “Pequeña… “, consciente de lo que dice, “Pequeña…” La funda de la maleta en el suelo.

¿Dónde vas a ir?

Es un dialogo intenso, como cualquier otra despedida, se comprende de súbito y se acepta. La menina en pie, la maleta en la mano, “Pero no te preocupes, ya no te preocupes de esas cosas, imagínate: dinero.”, caras con lágrimas, “Te voy a sacar de todo eso. Volveré y entonces, voy a poder sacarte de todo eso.” la mano firme, “Mama te lo juro, no te preocupes…”, la mirada firme, “ Me marcho, sí,” furia en los ojos, “pero me voy a hinchar a ganar pasta”.

La menina saliendo de la cafetería. De su mano derecha, la funda negra de una guitarra eléctrica. De la misma sombra: Rock-n-roll.

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